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Coach y Vocera Oficial en Pro del Empleo y de la Educación en OCC Mundial

¡No te preocupes!

 

No. 267 por ANGY NEWMAN

La Voz OCC en pro del Empleo y de la Educación

CEO de NWMN Consultores

Puedes pasar el resto de tu vida, empezando ahora mismo, preocupándote por el futuro, y por mucho que te preocupes, no cambiarás nada. Recuerda, la preocupación ha sido definida como el sentimiento que te inmoviliza el presente por cosas que puedan llegar a suceder en el futuro, y que seguramente, no sucederán.

Debes tener cuidado en no confundir la preocupación con el hacer planes para el futuro. Si estás haciendo planes para el futuro y la actividad del momento presente puede contribuir a que ese futuro sea mejor, esto no es preocupación. Sólo es preocupación, cuando de alguna manera te encuentras inmovilizada en el presente por algún acontecimiento que puede suceder en el futuro. Las decisiones actuales, son un reflejo de tu personalidad que abarca parte de tu experiencia adquirida a través de eventos que fueron forjados desde la educación, y que, actualmente, pueden impactar de formas diversas el propósito de mejorar el perfil de tu vida y mantenerlo óptimo para el futuro inmediato.

Nuestra sociedad actual, alienta y da alas a la culpa, como a la preocupación. Una vez más, todo empieza con la falacia de que si estas preocupado por alguien o algo, es porque sientes amor o eres responsable. El mensaje que recibimos constantemente es este: “si quieres a alguien, debes preocuparte por él”. Escuchamos frases como: “Por supuesto que estoy preocupado por ella; es natural, cuando quieres a alguien” o “No puedo dejar de preocuparme, porque te quiero”. Definitivamente, esta actitud nos aleja primero al sentimiento más importante que el ser humano debe recordar: dignidad. Si estamos en sintonía con nuestra espiritualidad y razón, nos avisa que amar a alguien, no es expresar preocupación, al contrario, alentarlo a superar la adversidad. Esta idea, ha sido concebida a través de nuestra educación cultural, generación tras generación.

Estaremos muy lejos de amar y ser amados, de forma honesta y libre si nos aferramos a pensar que la preocupación es sinónimo de amor. No es verdad.

La preocupación es como una enfermedad en nuestra cultura. Casi todo el mundo pierde una increíble cantidad de momentos presentes preocupándose por el futuro. Y todo ello, no sirve para nada. Ni un solo momento de preocupación logrará mejorar las cosas. Peor aún, es muy posible que la preocupación anule la eficacia en el presente. Más aún, la preocupación no tiene nada que ver con el amor, no debe existir una conexión con alguien a través de ese sentimiento. Las relaciones deben estar forjadas en la que cada persona tiene el derecho de ser lo que elija, sin presiones, sin condiciones impuestas por la otra persona, y jamás esperar que exista un cambio. Lo menciono, porque existen un gran número de relaciones por esperar que “cambien” y eso les provoca, preocupación.

Recuerdo cuando conocí a Sandra, tenía cuarenta y siete años, la traté durante varios meses. Estaba preocupada porque podían despedirla de su trabajo, de ser así, no podría mantener a su familia, sus dos hijos, sus padres y su abuelita. Era una mujer compulsiva que se preocupaba por todo. Estaba en la creencia que la preocupación es parecida a la “responsabilidad”. Empezó a perder peso, no podía dormir y se enfermaba constantemente. En los coachings conmigo, hablamos sobre la inutilidad de la preocupación y sobre el modo que podía elegir para estar contenta. Para Sandra, el estar preocupada era una muestra clara ante sus seres queridos que los amaba, así es, a través de la preocupación. En el caso de su yo interno, esa preocupación era confirmar lo responsable que era ante tal situación.

Finalmente, después de angustiarse durante meses, recibió su notificación de despido y se quedo sin empleo por primera vez en su vida. Al cabo de tres días, encontró otro trabajo, que no solo era mejor pagado, sino que le brindaba mucho más satisfacciones. Había usado su fuerza compulsiva para encontrar su nuevo empleo. La búsqueda fue rápida y sin tregua. Y toda su preocupación anterior resultó inútil. Su familia no murió de hambre y Sandra no se desplomó. Como la mayor parte de los cuadros sombríos de la imaginación, el cambio resultó más beneficioso que terrible.

Sandra, experimentó en carne propia la inutilidad de la preocupación, aprendió de primera mano lo inútil que resulta preocuparse, y ha empezado a adoptar una actitud más despreocupada para su vida. Las personas mayormente viven el 95% de sus días suponiendo que algo malo va a sucederles, cuando el resultado de sus suposiciones, son totalmente equivocadas. Entre más capacidad se obtenga al conocer las emociones, manejarlas y controlarlas, mayor control de los acontecimientos se logran enfrentar, sin temor y preocupación.

¿Cómo podemos resolver nuestras preocupaciones?

Estoy convencida que la mejor manera de aprender, es a través de los ejemplos. León Tolstoi, fue un novelista ruso ampliamente considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. Era un hombre admirado por su capacidad de expresar emociones y sentimientos a través de sus lecturas. En un momento de su vida escribió sobre la enorme carga que sentía al vivir siempre preocupado, lo cual lamentaba. Un día, en sus constantes momentos de inspiración, expresó lo siguiente: “¿Y si toda mi vida a sido una equivocación, que mis constantes estados de preocupación han sido en vano, qué he hecho con ella, con mi vida?” Se le ocurrió que lo que antes le había parecido completamente imposible, especialmente el hecho de que no había vivido como debería haberlo hecho, podría después de todo ser verdad, “no tenía de qué preocuparse”. Se le ocurrió que los impulsos vitales, reprimidos brutalmente por sí mismo, por aferrarse a creer que el estado ideal, era solo vivir sufriendo… descubrió, que apenas había experimentado la felicidad. Esos eventos de felicidad, podrían haber sido lo único verdadero y real de su vida, y hubieran permanecido siempre así, de detener la máquina de la preocupación, haciendo parecer que todo lo demás fuese falso. Sintió que todas sus obligaciones profesionales y toda la organización de su vida, familia, intereses sociales y oficiales, todo eso, podría haber sido falso porque no estaba relajado, estaba preocupado. Trató de justificarse ante sí mismo, y sintió de pronto, cuán débil era lo que estaba defendiendo y justificando…

Desearíamos tener todas las respuestas hacia el por qué de las preocupaciones. El primer paso, es averiguar si realmente son de valor preponderante. El segundo paso, entender los hechos que te preocupan, pero abordarlos de forma clara en tu mente, reflexiva. Tercer paso, controla tus emociones, de esa manera encontraras la respuesta práctica y por supuesto, la capacidad de resolver la situación.

Aprende a no sentirte agobiada o agotada, otórgate el permiso de descansar tu mente y alma. Lograrás calmar tu ansiedad o molestia. Todas las decisiones tienes consecuencias, eso es inevitable, pero de ellas se aprende el valor de canalizar y actuar de forma efectiva y eficiente, es decir, el aprendizaje de la toma de decisiones son razón de valuar tus acciones y llevarlas a un contexto de seriedad, respeto, dignidad y amor hacia tu persona.

No te preocupes, haz lo posible, ¡hazlo posible!

Derechos reservados de Angy Newman. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización de la autora o sin citar la fuente

Este artículo fue publicado en la revista Pasión en el mes de diciembre del 2013