“La incertidumbre nos exige prudencia” Angy Newman, Asesora de Vida

Angy Newman® “La Asesora de Vida

No. 1 de Latinoamérica”® y “Anfitriona de Morelos”®

Más de 300 conferencias, más de 400 videos en YouTube, escritora con 7 libros publicados, cientos de coachings personales, mas de 2 mil coachings ejecutivos y más de 900 artículos publicados en 8 años en diferentes medios la hacen ser una de las Influencers de los medios digitales convirtiéndola en  Imagen de Marca de muchos productos de belleza, ropa, trajes de baño, etc.

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“La incertidumbre nos exige prudencia”

Como Asesora de Vida, he podido ver que en el curso de nuestra vida diaria estamos sujetos a temores de muchos tipos. Estos temores se relacionan por lo general con algo específico: alguien podría hacernos daño, se gesta un problema particular, nos amenaza una enfermedad, o incluso, la muerte. En medio de un temor profundo, nuestra fuerza de voluntad se paraliza momentáneamente, mientras, contemplamos lo malo que podría ocurrirnos. Si esta condición se prolonga demasiado o es muy intensa, la vida se volverá insoportable, por tal motivo, es necesario que busquemos maneras de evitar esos pensamientos y mitigar nuestros temores.

 

Tal vez recurrimos a las distracciones de la vida cotidiana: trabajo, rutinas sociales, actividades con amigos, etc. La religión u otro sistema de creencias, como la fe en la tecnología o ciencia, también nos ofrecen esperanzas. Estas distracciones y creencias se convierten en nuestro sustento, manteniéndonos de pie y capaces de seguir adelante sin la parálisis que el temor nos pueda provocar.

 

En ciertas circunstancias, sin embargo, ese sustento puede hundirse, y entonces no hay nada que podamos hacer para estabilizarnos.  En el curso de la historia es posible rastrear una suerte de locura que nos vence a los seres humanos durante ciertos desastres: un gran temblor, una epidemia mundial, una violencia guerra civil. Lo que más nos inquieta en esas situaciones no es un espantoso hecho específico ocurrido en el pasado reciente, tenemos una tremenda capacidad para vencer y adaptarnos a algo terrible, aunque sabemos que es incierto el futuro y el temor que sucedan cosas terribles, y que de pronto suframos una tragedia impredecible: esto es lo que nos acobarda. No podemos deshacernos de esos pensamientos con rutinas equivocadas o religión. El dolor se vuelve crónico e intenso, asediada nuestra mente por toda clase de pensamientos irracionales. Los temores específicos se vuelven generales. En el caso de un grupo, el pánico se instaura.

 

En esencia, eso es el terror: un intenso, opresivo temor de no poder conducir o librar una situación en la forma normal. Hay demasiada incertidumbre, demasiadas cosas malas que nos pueden ocurrir, pero casi nunca suceden y solo nos desgastan mentalmente.

 

Durante la segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes bombardearon Londres, los sicólogos advirtieron que cuando el bombardeo era frecuente y un tanto regular, la gente terminaba por no percibirlo; se acostumbraba al ruido, la molestia, la mortandad. Pero cuando el bombardeo era irregular y esporádico, el temor se convertía en terror. Era mucho más difícil enfrentar la incertidumbre de cuándo llegaría el segundo ataque.

 

Es una ley de la guerra y la estrategia que, en pos de una ventaja, todo puede ensayarse y probarse. Así, grupos de individuos, viendo el inmenso poder que el terror puede tener sobre los seres humanos, hallaron la manera de usar el terror como estrategia. Las personas somos criaturas hábiles, ingeniosas y adaptables. La manera de paralizar nuestra voluntad y destruir nuestra voluntad y capacidad de pensar  con claridad es crear conscientemente  incertidumbre, confusión y un temor inmanejable.

 

Entra un factor muy importante: el trono moral. Todos somos víctimas de ataques en la vida, y no necesariamente de una pandemia, ahora nuestras emociones y sentimientos aparecen a flor de piel, nos sentimos vulnerables, pero curiosamente el hecho de que toda la humanidad este inmersa en esta cuestión nos llena de morbo y de una auto compasión. Como víctima de este ataque, si es que te sientes así, puedes actuar de forma agresiva. El promontorio moral, es decir, la gran moral, no es un pequeño lujo, sino una crítica táctica estratégica, la opinión mundial y las alianzas con otras naciones resultarán cruciales para aislar esta enfermedad e impedirnos sembrar división.

 

Vivimos en un mundo íntimamente entrelazado y dependientes de fronteras abiertas, nunca habrá seguridad perfecta, la pregunta es: ¿Cuántas amenazas estamos dispuestos a vivir? Quienes son fuertes, pueden manejar cierto nivel aceptable de inseguridad. Sensaciones de pánico e histeria revelan el grado en que el enemigo ha triunfado, entiéndase aquí que el enemigo es la falta de conocimiento de ti mismo, de saber hasta dónde puedes resistir y salir adelante, porque definitivamente es donde aparece nuestra realidad de quiénes somos y la esperanza de que todo es un proceso natural de nuestro mundo de hoy, y que quieras o no, tienes la obligación de esmerarte en la creatividad, en la paciencia y en la constancia para que cualquier objeción que se te presenten estés tan fuerte y valiente como lo has hecho en los momentos más difíciles en tu vida.

El que es prudente es moderado; el que es moderado es constante; el que es constante es imperturbable; el que es imperturbable vive sin tristeza; el que vive sin tristeza es feliz; luego el prudente es feliz.” 

Séneca (4 AC-65 DC) Filósofo romano.

 

Soy Angy Newman, Asesora de Vida y recuerda, haz que las cosas sucedan, Tú tienes el control, Tú eres el  responsable.

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21 Noviembre, 2017

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