La Sexalescencia la Nueva Edad de los Adultos Mayores

SEXALESCENCIA

“La Sexalescencia la Nueva Edad de los Adultos Mayores”

“Es como una segunda adolescencia. Pero a diferencia de los chicos, ellos saben bien lo que quieren, disfrutan del tiempo libre, se divierten y ni piensan sentirse viejos. Es la hora de las asignaturas pendientes”.

Ana Roberts

Mientras que algunos respetables y amigos “mayores” creen que “nada bueno viene con los años”, estamos quienes, promovemos una nueva forma de ver y vivir la vida cuando llega la “adultez” Así como en otras épocas, pasados los 60 todo caía indefectiblemente en manos de los médicos y la gerontología, hoy pisamos fuerte una generación que hemos decidido renunciar a la palabra despectiva “sexagenario”; porque, “sencillamente no tenemos en nuestros planes actuales el hecho de envejecer”.

¿Una forma de negar el paso del tiempo? ¿Algo así como el efecto “madre de adolescente que compite con su hija por la juventud y la belleza” pero a los 60? No, al menos esa no es la intención de quienes creemos que vale la pena promover la novedad demográfica de este “nuevo grupo humano” que somos y que hoy rondamos los sesenta…y algo más y que decidimos “haber vivido y ahora llevar una vida razonablemente satisfactoria”.

“Somos, hombres y mujeres independientes que trabajamos desde hace mucho tiempo y hemos logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo”. Hoy lo disfrutamos y todavía lo hacemos con pasión.

Nos comunicamos por mensaje de texto o “email” con nuestros hijos, chateamos con nuestros amigos y nietos; no nos conformamos con lo que la vida nos da y “raramente nos deshacemos en un llanto emocional” salvo quizás cuando escuchamos buena música. Tomamos lo que hay y nos adaptamos de la mejor manera posible. Podemos hablarles horas de la entrañable abuela  o de la hermana que este año cumplió 82 y que, como muchos otros, se subió a la vida virtual para no quedarse afuera de nada, ni por un segundo y continúa trabajando y viajando con sus sobrinos y nietos. Lo bueno es que ellos saben de lo importante que es seguir – además del email, el Twitter, el Instagram, el WhatsApp y el Facebook, YouTube – con los encuentros y los abrazos personales (antes de la pandemia) para decir “te quiero” y no solamente “Me Gusta”.

Al parecer, estos “¿sexalescentes?” llegamos para demostrar que siempre se puede ser optimista, tener una actitud positiva y vital y creer, entre otras cosas, que el placer no se desvanece con el correr de los años, por más que los sentidos vayan perdiendo, poco a poco, la fidelidad y frescura de la juventud.

Cómo decía Zig Ziglar: “Tu Actitud, más que tu Aptitud determina tu Altitud”.

Si actualizásemos los manuales de psicología evolutiva, deberíamos, ante todo, destacar cómo se ha desplazado la “línea de tiempo”. Los avances de la medicina, los aportes de la tecnología, las ventajas y desventajas de este mundo de exigencias por el progreso y el consumo, han modificado los márgenes y los planes. Así como ya pocos se casan o tienen hijos a los 20 o 30 y, con suerte, lo hacen a los 40; unos cuantos de 60 o 70, pese a todo, “ni soñamos con jubilarnos”, entregarnos al deterioro o vencernos ante la enfermedad. Más que jubilados vivimos con júbilo e intentamos contagiar a nuestros compañeros y amigos una actitud poco identificable con ellos.

Somos muchos los “sexalescentes” que, al parecer, aprendimos a “aceptar” nuestra condición, posibilidades y estado civil. Nos animamos a los duelos porque descubrimos los beneficios de no tenerle miedo a la muerte, a la soledad y a la exclusión. Damos cátedra de curiosidad, creatividad, voluntad, esperanza, entre tantas otras virtudes y fortalezas.

Lo más interesante es que, si bien algunos pudieron elegir qué vida llevar, estamos también quienes a los 65 o 70 años descubrimos que, más allá de ciertas mañas severas, estamos a tiempo de descubrir “algo nuevo”. Nos atrevemos a la aventura postergada o, al menos, intentamos modificar algunos hábitos y costumbres que, en definitiva, nunca quisimos para nuestras vidas.

Todo es, definitivamente, una cuestión de actitud. Sabemos, intuimos o la experiencia nos ha demostrado que el optimismo protege nuestro cerebro; que una actitud positiva equilibra nuestro sistema inmunológico; que nuestro corazón resiste mejor cuando hay una buena actitud y que todo es más saludable cuando aprendemos a caminar a conciencia plena por la vereda del sol. No hay juicio, evaluaciones ni prejuicios; o, por lo menos, intentamos calmar los fantasmas que rumian ahí dentro.

Aceptamos la música moderna inclusive la bailamos y vemos los programas más importantes en la TV como “The Voice” o “American Idol” , estamos “In” y nos gusta estar “trendys”.

Colaboramos también en programas de radio y TV y los jóvenes nos ven con respeto pero igual a ellos.

Nos vestimos con colores de moda, pantalones, rojos, verdes y morados o utilizamos sacos de mezclilla o hasta rosas

Somos una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una generación social nueva, que surgió a mediados del siglo XX (finales de los 50´s y principios de los 60´s) para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.  Este nuevo grupo humano que hoy ronda los 60 y 70, estamos llevado una vida razonablemente satisfactoria y también fuimos parte de esa nueva generación los “Baby Boomers”

Supuestamente debe de ser por esto, que nos sentimos plenos. Los que ya se han jubilado, yo no estoy entre ellos, disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad y seguimos ‘creciendo’. Disfrutamos, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos, bien vale ‘mirar el mar con la mente vacía, o ver volar una paloma desde el quinto piso del condominio o del primer piso en la casa de Cuernavaca o Valle.

Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.  Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad, que sus madres ni habrían soñado con ocupar.

Esta mujer “sexalescentes” pudo sobrevivir a la borrachera de poder, que le dio el feminismo de los 60´, en aquellos momentos de su juventud, en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.

Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, comentaristas, conductores, atletas o crearon su propio “YO S.A.”.  Pero cada una hizo su voluntad.

Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.  Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo;  la gente de “sesenta o más”, hombres y mujeres, manejamos la computadora como si lo hubiéramos hecho toda la vida.  Utilizamos los “Smartphones” conversaciones en Zoom y “Tablets” con gran calidad y nos tomamos “Selfies” para mostrarlas después en la red. Por lo general estamos satisfechos de nuestro estado civil y si no,  no nos conformamos y procuramos cambiarlo, no importa la edad.

A diferencia de los jóvenes, los “sexalescentes” conocemos  y ponderamos todos los riesgos. No nos ponemos a llorar cuando perdemos: sólo reflexionamos, tomamos nota a lo sumo… y a otra cosa.  La gente grande compartimos la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no nos sentimos en retirada.  Competimos de otra forma, cultivamos nuestro propio estilo.

Nosotros los hombres no envidiamos la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani o Hugo Boss, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura torneada de una modelo o artista como Jennifer López o Chaquira.  En lugar de eso, saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente, o de una sonrisa iluminada por la experiencia.

Hoy la gente de 60 y más, como es nuestra costumbre, estamos estrenando una edad que YA TIENE NOMBRE: “SEXALESCENCIA”.  Antes los de esa edad éramos ‘viejos’ y hoy ya no lo somos; hoy estamos plenos física e intelectualmente, hacemos el amor complaciendo a la pareja y no como “toros de lidia y sin freno”, recordamos la juventud, pero sin nostalgias, el pasado como referencia más no como residencia, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.

La gente de 60 y más de hoy, celebramos el sol cada mañana  y sonreímos sólo para nosotros mismos muy a menudo… Quizás, por alguna razón secreta, que sólo sabemos y sabrán los que rebasamos ya los  sesenta y más años en el siglo XXI.

Nos gusta ser independientes si somos solteros y vivir a nuestra manera con todas la comodidades. Es más, lo ideal es en “Las Residencias de Posada Tlaltenango” en Cuernavaca, Morelos

Esto es lo que hay y con eso vamos para adelante. Nunca es tarde. Nos eleva esa veneración por sentirnos joviales; reconociendo, claro está, que no todo fue ni serán jardines de rosas. En lugar de competir, aparentar o envidiar a los más jóvenes, sabemos de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia”.

He Intentado compartir con ustedes algunos aspectos centrales Me animó a sumar otras ideas y resultados de distintas investigaciones científicas de la Psicología Positiva que he leído y que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad así como de las fortalezas y virtudes humanas.

“No son las arrugas las que denotan la edad, sino la postura, la actitud o los temas de conversación”.

Entonces ¡¡¡a disfrutar la vida!!

Juan Fernando Campos (74)

 

Haz que las cosas sucedan, Tú tienes el control, Tú eres el responsable.

Todos tenemos algo que dar, haz lo posible, ¡hazlo posible!

Soy Angy Newman, Coach de Vida.

Estemos siempre “Bien y de Buenas.

¡¡¡Tú Eres lo Más Importante!!!

ANWMN®.

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Junio 16, 2020

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